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Mario, fundador de ecooo

Llevo muchos años diciendo que no tengo vocación de empresario. Si alguien me pregunta a qué me dedico, me encuentro mucho más cómodo diciendo que soy economista, profesor o asesor de empresas. Eso sí, al final siempre remato diciendo que “tengo” una empresa. Como si hablara de un piso en la playa o un caballo.

En ello influye sin duda lo mal que se pasa tantas veces. Los problemas diarios, las preocupaciones diarias, las conversaciones difíciles, el desaliento de ver que el teléfono no suena, el cansancio. Semanas y semanas preguntándome cada día aquello de “quién me mandaba a mí….”. Esas cosas.

Supongo que será difícil de creer, pero no me mueve el dinero. No me interesa nada que se pueda comprar con dinero, salvo quizá el tiempo. Mis amigos me oían hace años declarar vanidosamente que me quería retirar a los cuarenta años. Empezar entonces, en plenitud, un nuevo proyecto vital consistente en encender un libro con la colilla de otro, escribir sin parar y tener relaciones significativas con personas valiosas. Nada de viajar, comer, nada de comprar, nada de darme a eso que se llama buena vida. No me llama la atención. No me apetece.

Lo que sucede es que, con los años me he dado cuenta de que ser empresario es algo más que responsabilidad y ambición económica. Es sobre todo tener ideas y llevarlas a la práctica. Lo que pomposamente se denomina ahora innovación. Cuando un cliente confía en ti, es un poco como el novelista que recibe una felicitación por su último libro. O mejor, como el director de cine viendo como la gente entra a ver su película (una empresa es en realidad la suma de ideas de un equipo de personas, el proyecto compartido). Cuando tus ideas, mejoradas por los que están a tu alrededor, convencen a la gente, alcanzas algo parecido a la plenitud profesional, cobra sentido lo que uno hace, a lo que uno se dedica.

 

 

Y hablando de sentido: uno puede trabajar en Cocacola o en Zara, puede tener un taller mecánico o una panadería, hacer feliz a la gente con sus productos y estar muy satisfecho del trabajo que desempeña. Pero es aún mejor cuando te acompaña la convicción de que con tu trabajo, con tu proyecto, estás colaborando, aunque sea mínimamente, a resolver los graves problemas medioambientales que enfrenta el planeta. Que no sólo satisfaces las necesidades de tus clientes, sino las de la humanidad en su conjunto. Necesitamos energía libre de CO2 y la necesitamos ya. Toda la que se pueda y cuanto antes. Sinceramente creo que podemos comprarnos menos ropa o tomar menos bebidas burbujeantes, pero sin embargo tenemos que dotarnos muy rápidamente de un modelo energético limpio y renovable.

ecooo tiene ya siete años de vida. Todavía me pregunto a veces por qué me metí en este lío. Pero sólo a veces. El resto del tiempo estoy satisfecho. Orgulloso.